Norma 76. Herbicidas 

Norma 76. Queda prohibido el empleo de herbicidas como método de guerra si:a) son de tal índole que quedan prohibidos como armas químicas;b) son de tal índole que quedan prohibidos como armas biológicas;c) están destinados a una vegetación que no es un objetivo militar;d) pueden causar incidentalmente muertos o heridos entre la población civil, daños a bienes de carácter civil, o ambas cosas, que sean excesivos en relación con la ventaja militar concreta y directa prevista; oe) pueden causar daños extensos, duraderos y graves al medio ambiente natural.
Volumen II, capítulo 24, sección C.
La práctica de los Estados establece esta regla como una norma de derecho internacional consuetudinario aplicable tanto en los conflictos armados internacionales como en los no internacionales.
Antes de que se aprobara la Convención sobre las armas químicas, los Estados no estaban de acuerdo sobre si los herbicidas estaban prohibidos en virtud del Protocolo de Ginebra relativo a los gases asfixiantes. En 1969, por ejemplo, 80 Estados votaron a favor de una resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas en la que se indicaba que el empleo de herbicidas sería contrario a “las normas de derecho internacional generalmente reconocidas” incorporadas en el Protocolo de Ginebra relativo a la prohibición del empleo en la guerra de gases asfixiantes, aunque los tres votos negativos y las 36 abstenciones muestran que esta opinión no era universal.[1] En particular, varios Estados sostenían que el empleo de herbicidas y defoliantes no estaba prohibido por el Protocolo de Ginebra relativo a los gases asfixiantes.[2]
Sin embargo, los hechos sucedidos durante la guerra de Viet Nam revelaron los efectos potencialmente graves y duraderos de los herbicidas sobre la salud humana. Este empleo fue condenado por otros Estados.[3] La evolución del derecho internacional desde entonces ha atribuido una creciente importancia a la protección del medio ambiente. Está claro que cualquier empleo de herbicidas en la guerra sería controvertido, en particular habida cuenta de la clara tendencia a favor de la protección del medio ambiente contra daños deliberados. Al parecer, los Estados Unidos pusieron fin a su programa de herbicidas debido a consideraciones ambientales.[4]
A este respecto, cabe destacar que en la Declaración Final de la Segunda Conferencia de las Partes Encargada del Examen de la Convención sobre la modificación ambiental se reafirmó que el empleo militar y otros usos hostiles de los herbicidas como técnica de modificación ambiental están prohibidos en tanto que método de guerra “si ese empleo de los herbicidas altera el equilibrio ecológico de una región, provocando efectos extensos, duraderos o graves, como medio para causar destrucción, daños o perjuicios a otro Estado Parte”.[5] En una resolución aprobada sin votación, la Asamblea General de las Naciones Unidas se mostró satisfecha con esta reafirmación.[6] Algunos Estados la recibieron con agrado como una confirmación de la prohibición de emplear herbicidas como método de guerra.[7] Estas y otras consideraciones llevaron a los negociadores de la Convención sobre las armas químicas a reconocer “la prohibición, incluida en los acuerdos correspondientes y principios pertinentes de derecho internacional, del empleo de herbicidas como método de guerra”.[8]
Ahora bien, en la Convención sobre las armas químicas no se define qué empleo se consideraría un método de guerra. Los Estados Unidos, por ejemplo, han señalado que se reservan el derecho a emplear herbicidas “para el control de la vegetación en las bases e instalaciones estadounidenses o alrededor de sus perímetros defensivos más próximos”.[9]
Sin embargo, está claro que el empleo de herbicidas en los conflictos armados como método de guerra vulneraría la prohibición general del empleo de armas químicas si resulta nocivo para las personas o los animales (véase la norma 74). Además, el empleo de herbicidas que sean o contengan sustancias biológicas sería contrario a la Convención sobre armas biológicas, que prohíbe el empleo de todas las sustancias biológicas que no tenga fines profilácticos, protectores o pacíficos (véase la norma 73).
Por lo demás, los ataques a la vegetación con herbicidas violaría las normas generales sobre la conducción de las hostilidades si esa vegetación no es un objetivo militar (véase la norma 7), si el ataque causa incidentalmente muertos y heridos entre la población civil o daños a bienes de carácter civil (véase la norma 14) o si cabe prever que el ataque causará daños extensos, duraderos y graves al medio ambiente natural (véase la norma 45).
Otras normas del derecho internacional humanitario que pueden ser pertinentes con respecto al empleo de herbicidas son la prohibición de hacer padecer hambre como método de guerra (véase la norma 53) y la prohibición de atacar bienes indispensables para la supervivencia de la población civil (véase la norma 54), en caso de que los herbicidas se utilicen contra las cosechas.
Aunque existen menos ejemplos concretos en la práctica de los Estados acerca del empleo de herbicidas en conflictos armados no internacionales, las limitaciones o prohibiciones específicas acerca del empleo de herbicidas expresadas en esta norma constituyen reglas generales que se aplican también a los conflictos armados no internacionales. Además, el gobierno de Rusia ha negado recientemente la presunta utilización de herbicidas en Chechenia,[10] lo que demuestra que los Estados esperan, legítimamente, que no se empleen herbicidas de tal manera que se infrinjan otras normas aplicables en cualquier tipo de conflicto armado.
[1]Asamblea General de las Naciones Unidas, Res. 2603 A (XXIV) (ibíd., párr. 630).
[2]V., v.g., las declaraciones de Australia (ibíd., párr. 615), Estados Unidos (ibíd., párrs. 625 y 626) y Reino Unido (ibíd., párr. 624).
[3]V., v.g., las declaraciones de China (ibíd., párr. 617) y Hungría (ibíd., párr. 619); v. también la declaración de China (ibíd., párr. 618).
[4]V. William A. Buckingham, Operation Ranch Hand: The Air Force and Herbicides in Southeast Asia, 19611971 (ibíd., párr. 628).
[5]Segunda Conferencia de las Partes Encargada del Examen de la Convención sobre la modificación ambiental, Declaración Final (ibíd., párr. 633).
[6]Asamblea General de las Naciones Unidas, Res. 47/52 E (ibíd., párr. 631).
[7]V. las declaraciones de Argentina (ibíd., párr. 614) y Suecia (ibíd., párr. 614); v. también la declaración de los Países Bajos (ibíd., párr. 620).
[8]Convención sobre las armas químicas (1993), preámbulo (ibíd., párr. 599).
[9]Estados Unidos, Executive Order n.° 11850 (ibíd., párr. 627).
[10] V. “Russian army not to use defoliants in Chechnya”, ITAR-TASS, Moscú, 17 de abril de 2000 (ibíd., párr. 622).