Norma 39. Empleo de bienes culturales para fines militares 

Norma 39. Queda prohibido utilizar bienes que tengan gran importancia para el patrimonio cultural de los pueblos para fines que pudieran exponerlos a su destrucción o deterioro, salvo en caso de necesidad militar imperiosa.
Volumen II, capítulo 12, sección B.
La práctica de los Estados establece esta regla como una norma de derecho internacional consuetudinario aplicable tanto en los conflictos armados internacionales como en los no internacionales.
Esta norma se expresa en el artículo 4 de la Convención de La Haya para la protección de los bienes culturales y es aplicable tanto en los conflictos armados internacionales como en los no internacionales.[1] Los principios fundamentales de proteger y preservar los bienes culturales enunciados en la Convención de La Haya se consideran generalmente como un reflejo del derecho internacional consuetudinario, como manifestaron la Conferencia General de la UNESCO y algunos Estados que no son Partes en la Convención.[2] Su aplicación en virtud del derecho internacional consuetudinario en los conflictos armados no internacionales fue reconocida por el Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia en el asunto Tadic.[3] Además, otros instrumentos referentes, asimismo, a los conflictos armados no internacionales contienen esta norma.[4]
En muchos manuales militares se expresa la prohibición de utilizar bienes que tengan gran importancia para el patrimonio cultural de los pueblos para fines que pudieran exponerlos a su destrucción o deterioro, salvo en caso de necesidad militar imperiosa,[5] entre otros algunos manuales de Estados que no son Partes en la Convención de La Haya.[6] Además, en varios manuales se señala que el uso de un edificio privilegiado para fines indebidos constituye un crimen de guerra.[7] Asimismo, hay referencias específicas en la práctica de los Estados a la prohibición de utilizar bienes culturales como escudo para operaciones militares.[8]
En el Segundo Protocolo de la Convención de La Haya para la protección de los bienes culturales se ha aclarado el significado de la derogación en caso de necesidad militar imperiosa por lo que respecta a la utilización de los bienes culturales. Se considera que sólo puede invocarse una derogación en base a una necesidad militar imperiosa para utilizar bienes culturales con fines que probablemente puedan exponerlos a su destrucción o deterioro “cuando y durante todo el tiempo en que resulte imposible elegir entre esa utilización de los bienes culturales y otro método factible para obtener una ventaja militar equivalente”.[9] El Protocolo exige, además, que la existencia de esa necesidad se establezca a cierto nivel jerárquico.[10] En la negociación del Segundo Protocolo, esa interpretación no suscitó ningún tipo de controversia.
No debe confundirse esta norma con la prohibición de utilizar bienes culturales que figura en el párrafo 2 del artículo 53 del Protocolo adicional I y el artículo 16 del Protocolo adicional II, que no prevén una derogación en caso de necesidad militar imperiosa. Como subrayaron numerosas declaraciones en la Conferencia Diplomática que culminó con la aprobación de los Protocolos adicionales, la finalidad de estos artículos era abarcar solamente un número limitado de bienes culturales de gran importancia, en particular aquellos que forman parte del patrimonio cultural o espiritual de los “pueblos” (es decir, de la humanidad), mientras que el ámbito de aplicación de la Convención de La Haya es más amplio y abarca bienes que forman parte del patrimonio cultural de “cada pueblo”.[11] Los bienes cubiertos por los Protocolos adicionales debe ser de importancia tal que sean reconocidos por todos, incluso si no están marcados.
[1]Convención de La Haya para la protección de los bienes culturales (1954), art. 4 (ibíd., párr. 282) y art. 19 (ibíd., párr. 283).
[2]V., v.g., Conferencia General de la UNESCO, Res. 3.5 (ibíd., párr. 347) y Estados Unidos, Annotated Supplement to the Naval Handbook (ibíd., párr. 329).
[3]TPIY, Tadic case, recurso interlocutorio (ibíd., párr. 351).
[4]V., v.g., Boletín del Secretario General de las Naciones Unidas, sección 6.6 (ibíd., párr. 300).
[5]V., v.g., los manuales militares de Alemania (ibíd., párrs. 306 y 307), Argentina (ibíd., párr. 301), Australia (ibíd., párr. 302), Canadá (ibíd., párrs. 303 y 304), Croacia (ibíd., párr. 305), España (ibíd., párr. 319), Estados Unidos (ibíd., párrs. 324 a 329), Israel (ibíd., párr. 308), Italia (ibíd., párrs. 309 y 310), Kenya (ibíd., párr. 311), Nigeria (ibíd., párr. 316), Nueva Zelandia (ibíd., párr. 314), Países Bajos (ibíd., párrs. 312 y 313), Rusia (ibíd., párr. 317), Sudáfrica (ibíd., párr. 318), Suecia (ibíd., párr. 320) y Suiza (ibíd., párrs. 321 y 322).
[6]V., v.g., los manuales militares de Estados Unidos (ibíd., párrs. 324 a 329), Kenya (ibíd., párr. 311) y Sudáfrica (ibíd., párr. 318).
[7]V., v.g., los manuales militares de Canadá (ibíd., párr. 303), Estados Unidos (ibíd., párrs. 324, 325 y 327), Nigeria (ibíd., párr. 315), Nueva Zelandia (ibíd., párr. 314) y Reino Unido (ibíd., párr. 323).
[8]V., v.g., el manual militar de Israel (ibíd., párr. 308); las declaraciones de Estados Unidos (ibíd., párrs. 345 y 346); OSCE, Europe Spillover Monitoring Mission to Skopje, Press Release (ibíd., párr. 349).
[9]Segundo Protocolo de la Convención de La Haya para la protección de los bienes culturales (1999), art. 6, apdo. b) (ibíd., párr. 291).
[10]Segundo Protocolo de la Convención de La Haya para la protección de los bienes culturales (1999), art. 6, apdo. c) (ibíd., párr. 21).
[11]V., v.g., las declaraciones de Australia (ibíd., párr. 175), Canadá (ibíd., párr. 180), Estados Unidos (ibíd., párr. 227), Países Bajos (ibíd., párrs. 210 y 211), Reino Unido (ibíd., párr. 220) y República Federal de Alemania (ibíd., párr. 193).